Cuando Aún Existía el Vino​.-

Estaba tomando una copa de vino que acababa de subir de la bodega instalada en el sótano, apoyado en la pared del porche de su casa. El vino era de la añada de 2008, un buen año vitivinícola. Era la única bota que quedaba y quiso reservarla para él. La bodega era el único sitio más o menos habitable debido al infernal calor y prácticamente hacía su vida allí. Además, no tenía a nadie que le llevara la contraria; su mujer le abandonó después de sufrir aquella insolación que estuvo a punto de costarle la vida y sus hijos hacía tiempo que andaban por otras latitudes, y salvo una postal en navidad o una llamada esporádica, no tenía más contacto con ellos.

 

Dio unos sorbos y dejó la copa encima del barril que le servía de mesa. Entró en la casa y cogió el sombrero del perchero, era imprescindible dado el despiadado sol que a esa hora del día alcanzaba una temperatura de 47º a la sombra. Como llevado de un impulso, bajó al campo acompañado de su fiel Canuto, el viejo perro, y sin darse cuenta se encontró en medio de aquellas vides muertas.

 

¡Cuanta soledad! No solo no se oían trinos de pájaros, ni siquiera las alborotadoras chicharras cantaban. 

El hombre del sombrero miró a lo lejos y contempló con una tristeza infinita los tres árboles que aún permanecían de pie. Se agachó y comenzó a acariciar la cabeza del perro, éste la levantó buscando sus ojos, emitiendo una especie de lamento. Mientras  cruzaron sus miradas, el hombre del sombrero dijo:

 

- Pronto también estarán secos.

 

Miró hacía el caserío abandonado y medio derruido del fondo y emprendió el camino de vuelta, cabizbajo y triste. Excepto aquellos tres árboles no había más vida alrededor. El calentamiento de la tierra estaba haciendo sus estragos y eso que no había hecho más que comenzar.

 

 

Rafael Antonio Castro Cotrino.-

 

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